#171. Pon un Despido en tu Vida. No Confundas Educación con Amabilidad. Evita los Problemas Antes de Tenerlos
"Aprendemos quiénes somos en la práctica, no en la teoría." — Herminia Ibarra
¡Hola!
Soy Rafa Sarandeses y esto es No Solo Suerte, un cocktail de 3 ingredientes — una reflexión, una idea útil, y una cita para pensar — para ayudarte a hacer flexiones con el coco y ser cada día mejor en lo tuyo.
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1. Reflexión: Pon un Despido en tu Vida
A lo largo de los años, he preguntado a muchos buenos profesionales qué debería de ser verdad para que cambiasen de trabajo.
Casi nunca responden a la pregunta directamente. En su lugar me dan una “lista de la compra” con todos los motivos por los que ahora no es un buen momento para cambiar de trabajo.
Todo el mundo me responde como si tuviese el control sobre su trayectoria profesional. Pero olvidamos que no siempre es así.
También he entrevistado a muchos profesionales que acababan de conocer su despido. Gente que, a veces, llega a la reunión en estado de shock. Sintiendo que les acaban de cortar el cordón umbilical con su identidad, con esa carcasa profesional con la que salían a la calle por las mañanas.
Ambos tipos de reuniones demuestran dos cosas: que cuando uno puede cambiar no siempre quiere. Y también, que cuando a uno le hacen cambiar no suele estar preparado.
Not great.
¿Por qué no estamos más abiertos al cambio en esos momentos en los que lo haríamos en nuestros propios términos? Y si llega el momento del despido, ¿será de verdad tan destructivo como lo cuentan?
La trampa de la identidad
“El cambio siempre lleva mucho más tiempo del que esperamos porque, para hacer espacio a lo nuevo, tenemos que deshacernos de algunos de esos viejos ‘yo’ que todavía arrastramos y en los que, inconscientemente, seguimos empeñados en convertirnos.”
— Herminia Ibarra
La razón por la que seguimos anclados a situaciones que ya no nos convienen — personales y profesionales — es el llamado sesgo del status quo: la tendencia a preferir la situación actual incluso cuando las alternativas podrían ofrecer mejores resultados.
Es uno de los sesgos más presentes en psicología. Samuelson y Zeckhauser lo documentaron por primera vez en 1988, y nos afecta transversalmente en la vida, independientemente de la cultura o la edad.
Para la mayoría, la estabilidad y la credibilidad social que nos da un trabajo hace que vinculemos nuestra identidad a esa posición. Bajo ese prisma, es lógico que sintamos un coste de oportunidad alto a la hora de explorar otras alternativas que quizá puedan tener mejor encaje con nosotros.
Hasta que, de repente, el coste de oportunidad ya no existe como tal.
El despido como oportunidad
“Aprendemos quiénes somos en la práctica, no en la teoría. Poniendo a prueba la realidad, no mirando hacia nuestro interior. Descubrimos las verdaderas posibilidades a través de la acción: experimentando con nuevas actividades, acercándonos a nuevos grupos, buscando nuevos referentes y reescribiendo nuestra historia a medida que se la contamos a quienes nos rodean.”
— Herminia Ibarra
Estoy estos días siguiendo a una persona a la que despidieron recientemente de su trabajo. Casi dos décadas a un nivel alto, en un entorno muy exigente, y como resultado una identidad personal 100% vinculada a ese mundo, a su sector.
Y ahora, de repente, tiene la oportunidad de plantearse hacer algo completamente diferente, alejado de aquello a lo que ha dedicado casi 20 años.
Yo le estoy empujando a pensar 100% fuera de la caja (¡sorpresón!), porque si algo me ha enseñado la vida es que la realidad es ampliamente negociable. Le estoy animando a aprovechar este momento raro para darse permiso a explorar, para jugar con los ingredientes en la mesa de la cocina e inventar un plato profesional diferente.
Pero no le está resultando fácil.
Es normal. Mi amigo está pasando por lo que Herminia Ibarra, una de las autoridades mundiales en el cambio profesional, llama el período de liminidad: un espacio incómodo en el que se está “entre dos aguas”. Una fase en la que uno ha perdido su antigua identidad pero aún no ha asumido por completo una nueva.
A pesar de la incomodidad, Ibarra anima a abrazar esta fase como un laboratorio creativo donde las reglas que normalmente rigen la vida profesional están suspendidas temporalmente.
Herminia lo cuenta en su libro Working Identity (que te recomiendo):
“Nuestra identidad laboral está compuesta por muchas posibilidades: algunas tangibles y concretas, definidas por las cosas que hacemos, las personas de las que nos rodeamos y las historias que contamos sobre nuestro trabajo y nuestra vida. Otras que existen únicamente en el ámbito del potencial futuro y los sueños privados.
Albergamos múltiples ‘yos’, y por eso cambiar no es un proceso de sustituir una identidad por otra, sino más bien un proceso de transición en el que reconfiguramos nuestro conjunto completo de posibilidades.”
Porque si hay algo que aplica una y otra vez en la vida, es que cuando se cierra una puerta… se abre una ventana.
El lobo no es tan fiero
He seguido en contacto con muchas de las personas con las que me reuní nada más ser despedidos. Me han demostrado que el despido es duro de primeras pero luego casi siempre trae cosas buenas:
La inmensa mayoría de la gente consiguió un trabajo que encajaba con su capital de carrera (la combinación de conocimiento, fortalezas, network, propósito) en un período medio de entre 6 y 12 meses.
En ese plazo, más del 50% de ellos se recolocó en posiciones no directamente relacionadas con sus trabajos o sectores previos.
Al cabo del tiempo, el 100% de profesionales (tanto los que acabaron haciendo algo diferente, como los que siguieron en la misma línea) estaban más contentos en sus nuevos trabajos de lo que estaban en su trabajo anterior.
Con el tiempo, la inmensa mayoría de esos “despedidos” me han reconocido, sin dudarlo, que el despido fue la mejor decisión profesional que un tercero tomó por ellos.
Fue duro, sí, y la mayoría no estaban preparados para la ocasión. Pero superaron el trance y salieron más fuertes. Muchos reconocen esos meses, a posteriori, como uno de los períodos en los que más crecieron a nivel personal.
Es algo que puedo confirmar con mi ejemplo
A mí también me despidieron. Fue en diciembre de 2013, en Morgan Stanley.
Ese despido me dio el último empujoncito que necesitaba para tomar la decisión que llevaba barruntando ya muchos meses: emprender en Africa cofundando ThirdWay Partners.
Lo que he aprendido desde entonces no hubiese sido posible de haber seguido en la gran banca.
No hubiese desarrollado la flexibilidad mental que tengo hoy, ni habría conocido a la gente que conozco hoy.
No habría logrado cosas que en 2013 ni imaginaba que podría lograr.
Porque como dice Heather MacGowan, en The Adaptation Advantage:
“El primer paso para ganar ventaja es desprendernos de la identidad profesional. Y, con esa distancia tomada, usar nuestra imaginación para reimaginarnos a nosotros mismos, y a nuestro trabajo.”
Si hoy siguiese en Morgan Stanley, tendría otra vida. Quizás una buena vida.
Pero no tendría esta. ¿Y sabes qué? Esta me gusta bastante.
2. Idea Útil: Nunca Confundas Educación con Amabilidad
El otro día vi este video de Simon Sinek y Trevor Noah.
En él hacen una distinción importante en el mar de buenismo barato en el que vivimos: no es lo mismo ser educado (being nice) que ser amable (being kind).
La educación es la “performance” de la amabilidad. Una actuación. Es hacer que el otro se sienta bien, pero sin atender al fondo del asunto. La amabilidad, en cambio, es hacer lo correcto para con esa persona, aunque el mensaje no sea fácil de escuchar o la situación no se haga cómoda.
Ser educado es dar un buen feedback a alguien en su revisión anual, aún sabiendo que está en la lista de despidos para dentro de 6 meses.
Ser amable es decirle a esa persona, sin rodeos, que nuestra empresa no es el mejor sitio para ella, evitándole perder el tiempo en un trabajo que no va a funcionarle a largo plazo.
Ser educado es pasar de puntillas por la vida. Ser amable es saber meterse en el barro, sabiendo que la otra opción no es realmente una opción.
Estoy pensando en mis 4 hijos al escribir esto, y tengo muy claro cuál de las dos ideas voy a inculcarles.
3. Cita para Pensar: Evita los Problemas Antes de Tenerlos
El verdadero valor es derrotar a tu enemigo sin librar una sola batalla.
“El médico, cuya reputación era tal que su nombre se había convertido en sinónimo de la ciencia médica en China, respondió:
‘Mi hermano mayor ve el espíritu de la enfermedad y lo elimina antes de que tome forma, por lo que su nombre no sale de casa.
Mi hermano mediano cura la enfermedad cuando todavía es insignificante, por lo que su nombre no sale del vecindario.
En cuanto a mí, yo perforo venas, receto pócimas y doy masajes en la piel, así que de vez en cuando mi nombre trasciende y llega a oídos de los señores’”
— Sun Tzu (El Arte de la Guerra)
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