De Buscar Trabajo en un Periódico a los 51, a Ganar un Mundial con 65
"El fuego prueba al oro. La adversidad, a los hombres fuertes." — Séneca
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De Buscar Trabajo en un Periódico a los 51, a Ganar un Mundial con 65
“No pierdas más tiempo discutiendo qué debe ser un buen hombre. Sé uno.”
— Marco Aurelio
Naces el 21 de junio de 1961 en La Rioja.
Tu padre es marino mercante. Bilbaíno y socio del Athletic. Pasa meses embarcado, y lo ves muy poco. Pero te deja dos cosas muy claras: quién eres y cómo tiene que estar uno en el mundo.
A los 16 años fichas por el Athletic de Bilbao, como lateral izquierdo. Con los leones ganas dos Ligas, una Copa y una Supercopa en los años dorados del club. Pero nunca eres la estrella. Cada semana te peleas por el puesto con otro lateral. Pasas más tiempo en el banquillo que en el césped.
Aún así, el dinero te llega pronto y en abundancia, como a muchos futbolistas:
“Era joven, tenía un BMW, una American Express Oro... Era un privilegiado y puede que aquellos lujos se me subieran a la cabeza.”
En 1987 te vas al Sevilla. Por fin logras ser titular con regularidad, pero tampoco cuajas, y a los a los 32 años llega tu retirada, en Segunda B en el Alavés. No hay portadas con el anuncio. No hay homenajes de despedida. Nadie corea tu nombre.
Los focos no te han buscado nunca como jugador, y tampoco lo harán como entrenador.
El entrenador invisible
Decides hacerte entrenador de fútbol.
Entrenas 3 temporadas en el Portugalete, en Regional. Luego llega el Aurrerá de Vitoria, que te despide antes de acabar la temporada. Pasas al juvenil del Sevilla, donde te toca pulir a dos chavalillos llamados Sergio Ramos y Jesús Navas. En octubre de 2011, otro despido más: el Alavés te deja ir con el equipo en octava posición.
Te plantas con 50 años y ninguna oferta. Pasa más de un año, y la desesperación empieza a hacer mella:
“Llevaba más de un año sin equipo, en el paro, y varios meses sin cobrar. Era un momento muy difícil: tenía mujer e hijos, necesitaba tener ingresos.”
En mayo de 2013 lees un anuncio en el periódico: la Federación Española busca técnicos para sus categorías inferiores. Llamas a Iñaki Sáez, el hombre que años atrás te había devuelto al Athletic como jugador. Aceptas el puesto que ningún entrenador estrella aceptaría: entrenar a chavales de 15 años.
Tienes 51 años. Lo que para tu familia es un rescate financiero será la mejor decisión de tu carrera.
Pero tú todavía no lo sabes.
Una década en la sombra
A una edad en la que muchos en España piensan en una prejubilación, tú estás reseteando tu carrera desde abajo, haciendo trabajo de base con poco glamour.
A ti te da igual, porque sabes que has dado con ese punto de intersección mágica de distintos factores que, cuando los aplicas a un determinado dominio, te ayudan a aportar un valor raro, único.
En tu caso, combinas 3 cosas difíciles de ver juntas en un entrenador de fútbol:
Un talante paciente, calmado, humilde, enfocado en el hoy y el ahora. Ideal para el desarrollo del talento joven
Valores fuertes: ética de trabajo, el respeto por las formas y por el rival, y una buena dosis de sentido común, y
Un conocimiento técnico profundo de cómo hay que jugar al fútbol.
Conviertes esa mezcla en oro: ganas la Eurocopa sub-19 en 2015. El oro en los Juegos Mediterráneos con la sub-18. La Eurocopa sub-21 en 2019. La plata olímpica en Tokio.
Generación tras generación, estás creando el mejor mapa que ha existido jamás del futuro del fútbol español: quién es cada chaval, cómo juega, cómo reacciona cuando pierde. Y también cómo trata al utillero cuando nadie mira.
Cada día, al acabar el entrenamiento, repites la misma frase a tus jugadores:
“Señores, mañana hay que ser mejores.”
Lo que parece una consigna es tu biografía en seis palabras.
Un fichaje que nadie entiende
En 2021 España tiene un amistoso con Lituania.
En el último minuto, Busquets da positivo en COVID y pone, de la noche a la mañana, a toda la selección absoluta en cuarentena. Ante ese panorama, la Federación toma una decisión insólita: asciende en bloque a la selección sub-21, que tú diriges, para disputar ese partido como absoluta.
Es la oportunidad que el destino siempre pone delante de los grandes, y que cambiará tu vida para siempre. Estás dirigiendo a la selección absoluta por primera vez, aunque sea llenando el hueco con tus chavales.
Pues bien, esos chavales ganan 4-0. Acabas de plantar tu pica en Flandes.
Meses después, ese precedente ayuda a la Federación a tomar una decisión discutida, pero que se entiende bien desde dentro. Necesitan un hombre de la casa como tú que conozca bien al fútbol que viene, y con el talante para bajar revoluciones tras alguien tan mediático como Luis Enrique.
España no lo entiende.
Tienes 61 años, y un total de cero partidos dirigidos en Primera División. Los expertos de sofá piden un entrenador de verdad, un nombre propio. No ayuda que en tu segundo partido pierdas contra Escocia.
Pero a ti, a tus 61 años, todo te da un poco igual. Nada nuevo bajo tu sol:
“Yo soy de la generación de Rocky Balboa: a mí me pegas y me pegas y al final me caigo. Pero me vuelvo a levantar y sigo y sigo y sigo...”
¿Tu respuesta a las críticas? La das en el campo:
Nations League 2023: campeón contra Croacia.
Eurocopa 2024: siete victorias en siete partidos, primera selección de la historia en ganarla con un pleno.
Y el pasado 19 de julio, un gol de Ferran Torres tumba 1-0 a la Argentina de Messi.
No solo logras que triunfe el fútbol frente al antifútbol. Demuestras al mundo que se puede ganar sin ser unos macarras. Sin trampas ni atajos. Con clase. Con buena gente. Desde los valores.
Porque tu misión no era solo hacer a España campeona del mundo. Era hacer de España un ejemplo para el mundo.
Tu reacción ante la victoria te define:
“La felicidad debe ser algo así; es un grupo humano de época.”
Eres Luis de la Fuente
Aquel entrenador al que echaban de los banquillos sin acabar la temporada, y que hoy es el único entrenador que ha ganado la Eurocopa con todas las edades de la selección.
Aquel parado de 51 años que, como tantos, buscaba trabajo en los anuncios del periódico, y que hoy es ejemplo vivo que la vida nos lleva a cada uno por nuestro propio camino.
Aquel “¿Luis de la... qué?” de las tertulias, que hoy da nombre al estadio municipal de Haro donde empezó su carrera.
En tus memorias, “La Vida se Entrena Cada Día”, explicas el primer criterio que un jugador tiene que cumplir para jugar en tu equipo: antes que el talento, exiges que sea buena persona. Solidaridad y generosidad. El equipo por delante del brillo individual.
Y en tu mesilla de noche un libro: Meditaciones, de Marco Aurelio. No podía ser de otra manera, porque eres, y serás siempre, nuestro estoico favorito.
Reflexiones que nos deja Luis de la Fuente
Te dejo con tres preguntas que estoy rumiando en mi cabeza.
¿Estoy corriendo mi carrera, o la de otros?
De la Fuente nunca tuvo el currículum de Guardiola ni el impacto mediático de Mourinho. No compitió contra ellos. De hecho, nunca se le ha considerado la competencia de ninguno de los “grandes”.
Compuso un camino que nadie podía copiar, porque nadie más estaba dispuesto a recorrerlo. Mientras otros se comparaban con lo que se suponía que estaba bien a cada paso, él se enfocaba en “ser mejor cada día” (algo muy de No Solo Suerte 😀). Y como dijo Steve Jobs, el destino acabó ayudándole a conectar los puntos hacia atrás.
¿Cuánto energía pierdes comparándote con otros, y cuánto en construir tu propio camino en base a lo que a ti te conviene? Cada uno somos un ejemplar único, con un camino único por delante. Compararse es la forma más cara de perder el tiempo.
¿Qué estoy sembrando hoy donde nadie mira?
Luis pasó una década en la cantera. Un trabajo que parecía responder a una necesidad: poner comida en la mesa pasados los 50.
Pero ese trabajo acabó demostrando algo muy diferente: que la capitalización compuesta es la 8ª maravilla del mundo. Que tener paciencia mientras una ventaja se acumula exponencialmente, en silencio, siempre paga.
Cuando Luis llegó a la absoluta, conocía a cada jugador español de la nueva generación mejor que ningún entrenador del planeta. Incluso a aquellos que jugaban en equipos no obvios fuera de España, fuera del foco mediático.
¿Qué activo estás capitalizando tú, a tu ritmo, que podría explotar dentro de 10 años? ¿Cómo de fácil o difícil es, para ti, trabajar en algo pensando en el largo plazo cuando nadie mira?
¿Mi definición de éxito incluye cómo trato a la gente?
De la Fuente convoca primero a la persona y después al futbolista. No es cursilería, ni postureo. Él sabe que anteponer estos valores hace que el equipo sea más fuerte, aunque a nivel individual no haya estrellas dominantes.
Los grupos de buena gente son un bloque en las prórrogas, aguantan las críticas y mantienen un ambiente productivo en el vestuario. La suma de estrellas sin una cultura de equipo nunca acaban bien.
¿A quién estás dejando entrar en tu equipo, en tu empresa, o en tu vida? ¿Y qué tres palabras definirían la cultura que favoreces tú a tu alrededor?
Porque se puede ganar siendo buena persona. Es más: probablemente sea la única forma de ganar que merezca la pena.
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Muchas gracias, Rafa.
Es la primera vez que leer un artículo en Substack me pone la piel de gallina. A parte de todo lo que has escrito, Luis de la Fuente ha conseguido que, incluso a personas a las que no les gusta el fútbol, disfruten de ver jugar a España y recuperen algo de esperanza como población.
A título personal, he conocido su historia hace apenas unos días y me produjo la misma reacción que leerte a ti: piel de gallina, lagrimillas en los ojos y esperanza. Las señales siempre están ahí para el que sabe leerlas. Gracias por ser una de las mías.
Siempre hay recompensa. Esa frase me taladra. ¿Por qué siempre la hay? ¿De qué tipo?
Gracias Rafa