#181. Los "Elegidos" se Eligen Siempre a Sí Mismos
"Si haces todo lo que se puede hacer, solo puedes ganar." — Lyndon B. Johnson, 36º presidente de USA.
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1. Los “Elegidos” se Eligen Siempre a Sí Mismos
“He convertido cualquier tipo de negatividad dirigida hacia mí en motivación. La forma más rápida de lograr que levante 250 kilos en press de banca es decirme que no se puede hacer. La manera más fácil de asegurarme de que me convertiría en estrella de cine era reírse cuando les contaba mi plan, y que luego me dijesen que no lograría hacerlo.”
— Arnold Schwarzenegger.
¿Qué piensas cuando escuchas eso de que alguien es “el elegido”, como si le hubiesen tocado con la varita mágica?
A mí me dan ganas de contar las historias de cientos de personas que demuestran, año tras año, y en disciplinas tan diferentes como el deporte, la empresa o la ciencia, que los elegidos siempre se eligen a sí mismos.
Y lo hacen gracias a un par de cualidades que suelen traer de casa. Cualidades que hoy veremos con el ejemplo de uno de los grandes.
Arnold Schwarzenegger.
Desde que vi el documental ”Arnold”, en Netflix, me hice fan de este señor. Un tipo que ha sido el número 1 en tres carreras profesionales completamente diferentes: el culturismo, el cine y la política.
Terminator nació en 1947 en un pueblo de Austria
No tenía un duro. Cero conexiones. Un hogar complicado en el que tenía que lidiar con un padre muy estricto.
El chaval empezó a desarrollar una personalidad atípica. Una personalidad que podía resultar molesta a su alrededor.
Verás: Arnold decidió a los 15 años que iba a ser número 1 mundial del culturismo. Luego que iba a tener una gran carrera como actor. Y además, decidió que iba a triunfar en el mundo de los negocios.
Y todo esto lo iba a hacer en USA.
Daba risa, porque Arnold no hablaba una palabra de inglés.
Pero a él le daba igual. Le contaba sus planes a cualquiera que se cruzase con él. Te pillaba por banda y te hacía un download completo. No te dejaba en paz hasta que te contaba todo lo que iba a lograr.
Esta práctica de Arnold confundía e irritaba al personal a partes iguales. La mayoría de la gente, sobre todo la más cercana, lo menospreció durante años.
Pero para él, ese menosprecio era siempre gasolina:
“La rebeldía fue parte de lo que me impulsó a salir de Austria. No quería ser como los demás. Pensaba de mí mismo que era especial y único, que me salía de la media. Nadie podía meterme en un molde.”
Pasaron los años, y el loco demostró no estar tan loco
Como culturista, Arnold ganó 7 títulos de Mr. Olympia en los años 70. Es uno de los grandes de la historia.
Como actor, se convirtió en una estrella global del cine de acción, con éxitos como Conan El Bárbaro, Terminator y Terminator 2, generando más de 5.000 millones de dólares de taquilla a lo largo de su carrera.
Como empresario, Arnold capitalizó pronto sus ingresos invirtiendo en el sector inmobiliario en California, montando negocios de construcción y cofundando empresas como la cadena Planet Hollywood.
No se quedó ahí.
Este austriaco que llegó a USA sin hablar inglés llegó a ser gobernador del estado de California (sería la 4ª economía del mundo si fuese un país independiente, por encima de Japón) entre 2003 y 2011.
Mientras todo eso pasaba, los mayores sorprendidos de sus logros eran siempre sus conocidos más cercanos: su familia, sus exnovias, sus amigos en Austria.
Una de sus novias de juventud, Barbara Outland, lo recuerda así:
“Un día, recibí una llamada de mi hermana Miriam.
Había leído un artículo sobre una pareja inusual: la estrella del culturismo Mr. Olympia (Arnold) y la nieta de Joseph Kennedy, Maria Shriver, estaban juntos.
Tuve que sentarme a intentar comprender la naturaleza de su colosal ascenso. Ahora había alcanzado nuevas cotas con una novia de la realeza americana. Mi error de subestimarlo continuamente y, por tanto, el seguir sorprendiéndome ante un individuo tan formidable como Arnold, no hacía más que aumentar.
Luego observé, quizá una década después de que él y Shriver rompieran, cómo se acumulaban los créditos de las películas de Arnold durante los años 80. Quedé atónita ante su éxito en Hollywood.
Me resultaba cada vez más extraño darme cuenta de que lo había conocido antes de una fama tan descomunal, y me preguntaba si debería haber sido más lista o más sabia para poder predecir un destino tan legendario.”
La salsa secreta de Arnold
“Me preguntarás… ¿y cuándo me dedico a descansar y relajarme? En primer lugar, el descanso es para los bebés y la relajación es para los jubilados. ¿En qué categoría encajas tú?
Si quieres hacer algo especial, si tienes un gran sueño que quieres alcanzar, me temo que tendrás que dejar de lado la relajación por un tiempo.”
— Arnold Schwarzenegger.
Arnold traía dos cualidades que son comunes en todos aquellos que logran cosas enormes.
Por un lado, LA CONVICCIÓN.
Pero no como una simple esperanza, ni como una predicción de futuro.
Se trata de decidir en tu cabeza y en tu corazón que algo va a pasar.
Hay una diferencia clave en tu compromiso con un objetivo cuando pasas de simplemente “quererlo”, a “decidir” que lo vas a tener.
Cuando quieres algo, te esfuerzas razonablemente para conseguirlo. Pero cuando decides que lo vas a tener, la razonabilidad sale volando por la ventana. Uno hace lo que haga falta para lograr eso que ha decidido que va a pasar.
La convicción es condición necesaria pero no suficiente
De acuerdo: la convicción de Arnold se convirtió en su combustible.
Pero ese combustible necesitaba poder alimentar un motor que lo impulsase hacia esas metas imposibles.
Aquí es donde entra el segundo factor crítico: LA ACCIÓN. Porque sin acción, la convicción nunca lleva a nada tangible.
En la vida de Arnold nada fue pasivo. La visión fue el primer paso, pero la acción fue todo.
Un día cualquiera de sus primeros años en USA podían incluir trabajar como obrero de la construcción de 8am a 3pm, luego entrenar 5 horas en el gimnasio, y luego dedicar tiempo a sus negocios de construcción y de venta por correo. Y bien entrada la noche, Arnold iba a la academia a estudiar inglés.
Todo ocurría al mismo tiempo. Algunos días iban desde las seis de la mañana hasta la medianoche.
Pero no era solo un calendario imposible. Arnold le metía a ese calendario una intensidad imposible.
Para perder su acento, Arnold podía repetir ciertas frases en inglés unas 10.000 veces. Para Conan, entrenó combate con espada dos horas al día durante meses. Cuando lo invitaron a un evento benéfico de tenis de los Kennedy, no se negó. Decidió que no haría el ridículo. Dio clases de tenis dos horas al día durante tres semanas.
¿Que un director le pedía bajar de 250 a 210 libras para una película? Arnold llegaba al set con 209, y luego en pocas semanas invertía el proceso y añadía 40 libras para su siguiente exhibición.
Arnold escuchó “no” más veces que nadie. Pero le metía a sus objetivos más acción y más intensidad que nadie. Y ante eso, el “no” no tenía nada que hacer.
No hubo ninguna profecía. Nadie lo “descubrió”. Arnold combinó visión clara con acción imposible de ignorar. Y con ello, logró moldear la realidad a su alrededor. Logró que poco a poco el mundo se rindiese a sus objetivos.
Arnold se eligió a sí mismo con visión y una dosis enorme de algo tan antiguo como efectivo: el trabajo duro.
Porque para Arnold,
“El trabajo duro funciona. Esa es la conclusión de mi vida. Da igual a qué te dediques. Da igual quién eres. Toda mi vida se ha basado en ese concepto tan simple”
2. Citas para pensar
“Si algo te parece irracional — y te lo ha parecido durante mucho tiempo —, lo más probable es que tengas una definición incorrecta de lo que debería ser racional.”
— Nassim Taleb
“Nada en este mundo puede ocupar el lugar de la persistencia. El talento no lo hará: nada es más común que hombres fracasados con talento. El genio no lo hará: el genio sin recompensa es casi un proverbio. La educación no lo hará: el mundo está lleno de fracasados educados. Solo la persistencia y la determinación son omnipotentes.”
— Calvin Coolidge
“Nunca mires atrás, a menos que no quieras ir en esa dirección”
— Henry David Thoreau
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¡Gracias!



Compromiso, inteligencia y acción define el futuro de cualquier persona.