#178. ¿Quemas Cerillas, o Alimentas Fogones? Ten una Lista de Cosas Hechas. No Seas un Cactus
“La vida se encoge o se expande en proporción al coraje de uno.” — Anaïs Nin
¡Hola!
Soy Rafa Sarandeses y esto es No Solo Suerte, un cocktail de 3 ingredientes — una reflexión, una idea útil, y una cita para pensar — para ayudarte a hacer flexiones con el coco y ser cada día mejor en lo tuyo.
¿Te gusta lo que lees? Te pido un favor: dale al like y compártelo con familia y amigos para que otros lo descubran.
Gracias a los nuevos suscriptores que os habéis unido en la última semana. Somos ya 20.431 los que queremos ser cada día mejores en lo nuestro.
1. ¿Quemas Cerillas, o Alimentas Fogones?
“Hasta que no aprendemos a dirigir con firmeza los mecanismos básicos de nuestras vidas, no podemos llegar a un punto que nos dé la libertad de perseguir lo que está más allá de nuestra realidad concreta.”
— Sam Carpenter
Era un día cualquiera en el barrio de Harajuku, en Tokio. El músico y tecnólogo Chad Fowler se estaba probando ropa en una tienda.
De repente, se dijo a sí mismo en voz alta:
“Da igual lo que me ponga, me va a quedar mal de todos modos.”
Sus propias palabras le dieron una patada en el culo.
Fowler era una persona exitosa en casi todo: su carrera, su música, los idiomas. Decidía que las cosas fueran de cierta manera, y solían cumplirse. Y ahí estaba, hablando de su salud como si fuera algo sobre lo que no tuviera control:
Me había dejado llevar por la corriente durante años. Deseando un resultado y esperando a ver si llegaba. De repente yo era esa persona floja e impotente que detesto cuando la veo a mi alrededor.
De alguna manera, había permitido que ‘no ser bueno en los deportes’ o ‘no estar en forma’ fuesen atributos inherentes a mi persona.
Esa frase, en un probador un día cualquiera, fue el comienzo de un viaje en el que Fowler perdió casi 50 kilos.
Es un momento Harajuku. Ese en el que la insatisfacción desborda el vaso, y las prioridades cambian de golpe. La bofetada que te da la vida por tolerar la mediocridad en ti mismo.
Lo más interesante es que Fowler no salió de ese probador con el objetivo de perder 50 kilos.
Cambió quién era él, la imagen que él tenía de sí mismo. Lo demás vino solo.
Los objetivos son una cerilla
Los objetivos que no están soportados en una nueva identidad se consumen al conseguirlos.
Pierdes diez kilos y luego, ¿qué? Si no hay un cambio de identidad detrás de esa pérdida de peso, cuando lo logras solo encuentras el vacío. Por eso la mayoría de la gente que hace dieta acaba recuperando su peso, y algo más.
Levantarse temprano, leer o comer sano no son objetivos. Son las cosas que hace una persona trabajadora, curiosa y sana. Las consecuencias (por ejemplo, una promoción, saber mucho sobre algo, o estar en buena forma) no son metas. Son las consecuencias de ser el tipo de persona que no entiende la vida de otra manera.
Una cerilla da un resplandor y luego se consume. Un fogón bien alimentado calienta para siempre.
Lo dice muy bien Dan Koe:
“¿Crees que el culturista tiene que ‘matarse’ para comer sano? ¿Que el CEO tiene que disciplinarse para trabajar duro?
La realidad es que ellos no pueden verse viviendo de otra manera. El culturista tendría que esforzarse para comer mal. El CEO tendría que obligarse a quedarse en la cama después de que suene la alarma.
Cuando alguien dice que quiere perder 30 kilos, a menudo no le creo. Porque demasiadas veces añade: ‘A ver si pierdo estos kilos para volver a disfrutar de la vida’. Si no adoptas para siempre el estilo de vida que te hizo perderlos, volverás directo a donde empezaste.”
La disciplina en vacío es mala señal
Si tienes que aplicar disciplina a algo, es que las razones que lo sustentan no pesan lo suficiente.
Tu cabeza busca cumplir con objetivos que encajan con la imagen que tienes de ti mismo, no con la lista de propósitos que escribes en enero. Si esa imagen todavía no ha cambiado (soy una persona que prioriza su salud) para ser consistente con el objetivo (voy a ponerme en forma), el objetivo no tiene nada que lo alimente a largo plazo.
Pero cuando hay alineación, no hace falta disciplina. Eso que hoy te cuesta tanto te sale por defecto, con poco esfuerzo, porque es inherente a tu modo de vivir la vida. No es una dieta, es la forma en la que comes.
A mí no me sacas a correr cinco kilómetros a las 8 de la mañana ni de broma. Pero puedo estar a esa hora dando bolas de golf en el campo de prácticas. Soy un loco del golf, y mi identidad está ligada a ese deporte.
Y como quiero hacerlo bien, ahora complemento el golf con un programa de fuerza en el gimnasio. Al final me estoy poniendo en forma sin haberme fijado el objetivo de ponerme en forma.
No empecé diciendo “tengo que ir al gimnasio”. Empecé buscando un deporte que me enganchara. Todo lo demás ha sido consecuencia de esa nueva identidad.
Alimentar fogones, no quemar cerillas.
Mi propio momento Harajuku
A principios de año dejé el alcohol y los azúcares. Te lo conté hace unas semanas.
¿El motivo? Por primera vez en mi vida, a mis 47, puse la calidad de mi sueño (que determina, cada vez más, la calidad de mis días) y mi forma física por encima de mi hedonismo.
Adopté, de golpe, la identidad de alguien que vive sano, ligero, fresco y alerta. Que no sucumbe a la tentación fácil, porque dormir bien, verme bien y tener la cabeza despejada es más importante, a estas alturas, que ese placer momentáneo. A veces, en la vida, hay que mudar la piel porque la anterior ya no sirve.
¿He perdido peso? Desde luego. Pero ese nunca fue el objetivo. Ha sido la consecuencia natural de un cambio de identidad.
El logro no se busca, se encuentra
“No actúas y sientes según son realmente las cosas, sino según la imagen que tu mente tiene de ellas.”
— Maxwell Maltz
Yo estoy tan orientado al logro como el que más. Me encanta marcarme objetivos y cumplirlos. Es una droga.
Pero hace tiempo aprendí que el logro en vacío es un sufrimiento. El buen logro llega cuando dejas de “querer cosas” y te conviertes en esa persona que vive de tal forma que eso que quiere le llega por defecto.
Y cuando uno logra ese cambio de identidad, no sólo consigue los resultados. Consigue sentirse orgulloso de sí mismo. Un orgullo que se convierte en combustible infinito para alimentar el fogón.
Identidad alineada, no disciplina en vacío. Porque cuando uno descubre que se pueden montar fogones, ¿para qué perder el tiempo con cerillas?
Ya lo dijo en su día el gran Jim Rohn:
“El mayor valor de hacerte millonario no son los millones. Es convertirte en la persona capaz de ser un millonario.”
2. Ten una Lista de Cosas Hechas
Lo he probado y ayuda a ver los días con mejor perspectiva.
“Pocas cosas resultan más básicas en mi experiencia de la vida adulta que esta vaga sensación de que me estoy quedando atrás y necesito abrirme paso de nuevo hasta alcanzar un nivel mínimo de productividad.
Es como si tuviera que justificar mi existencia, manteniéndome ‘al día’, para evitar alguna catástrofe mal definida que, de lo contrario, podría venirse sobre mi cabeza.
Por eso soy un entusiasta defensor de llevar una ‘lista de cosas hechas’ (done list), que empieza vacía a primera hora de la mañana y que vas llenando poco a poco con todo lo que logras a lo largo del día.
Cada elemento es un recordatorio alentador de que, al fin y al cabo, podrías haber pasado el día sin hacer nada constructivo. Y sin embargo, mira todo lo que sí hiciste.”
— Oliver Burkeman
3. No Seas un Cactus
“Ser negativo solo hace que un camino difícil sea aún más difícil. Puede que te den un cactus, pero no tienes que sentarte sobre él.”
— Joyce Meyer
Si te ha gustado lo que lees, no olvides darle un like y compartirlo con otros como tú que quieran ser mejores cada día en lo suyo. ¡Gracias!



Muy bueno el quote del millonario, les diré en verano a mis amigos que lo mejor de mi negocio es haberme convertido en la persona capaz de ser millonaria aunque no la sea, vamos a echar buenas risas 🤣 En el fondo es así, aunque fuera el entorno solo te juzgue por cuanto facturas!