#161. Cómo Hacer de Cada Día un Regalo, y Convertir 350.000 Dólares en 40.000 Millones
"He trabajado lo suficiente y he ganado lo suficiente como para fracasar el resto de mi vida."
¡Hola!
Soy Rafa Sarandeses y esto es No Solo Suerte: un cocktail de 3 ingredientes para ayudarte a hacer flexiones con el coco y ser cada día mejor en lo tuyo.
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Cómo Hacer de Cada Día un Regalo, y Convertir 350.000 Dólares en 40.000 Millones
Tu padre tiene una tienda de material de oficina. Tu madre está enferma con frecuencia. Vives con tus 3 hermanas en un rancho donde se cultivan nueces.
Eres un estudiante pésimo. No te interesa nada de lo que te enseñan en el instituto.
Lo único que te importa son los coches.
Desde los 14 años, tu vida gira alrededor de motores, garajes y carreras ilegales por las calles de tu ciudad. Tu padre te compra un coche pequeño, un Autobianchi Bianchina, un utilitario italiano basado en el Fiat 500, pensando que es inofensivo.
Gran error. Decides meterle un motor más potente, le instalas unos cinturones de competición en arnés, y empiezas a ganar carreras callejeras con un coche que nadie se toma en serio.
Tu plan de vida es claro: vas a ser piloto profesional. Tu padre, sin embargo, quiere que te hagas cargo de su tienda.
No pasará ni lo uno, ni lo otro.
El golpe que necesitabas
En 1962, tres días antes de tu graduación del instituto, vuelves a casa conduciendo tu Autobianchi tuneado.
Un compañero de clase intenta adelantarte con su Chevy Impala. Te golpea de lleno, y te lanza dando varias vueltas de campana antes de estrellarse contra un nogal.
El cinturón de carreras que instalaste, y que tu padre no quería que pusieras, se rompe en el impacto y sales despedido del coche. Es una suerte, porque el coche queda aplastado contra el árbol. Si hubieras seguido dentro estarías muerto.
Cuando llegan a ayudarte, ya no respiras y no tienes pulso. Te trasladan al hospital en estado crítico. Tienes los pulmones aplastados, fracturas múltiples y hemorragias internas. Pasas dos semanas en cuidados intensivos y varios meses en el hospital.
Cuando por fin despiertas, hay algo que ha cambiado dentro de ti para siempre.
“Estuve en un accidente del que, en teoría, nadie podría haber sobrevivido, así que fue como ‘bueno, estoy aquí, y cada día a partir de ahora es un día extra’. Me han dado un día extra, así que tengo que aprovecharlo al máximo. Y al día siguiente: me han dado dos días extra. No puedes evitar entrar en esa mentalidad. Te han dado un regalo, y cada día es un regalo. Y yo quería sacar el máximo de cada uno.”
“Nunca dirigiré una empresa. Jamás.”
El accidente destruye tu sueño de ser piloto.
Pero también destruye algo más importante: la inercia de una vida sin propósito. De repente, el estudiante que no aprobaba nada empieza a sacar notazas.
En el instituto descubres la antropología, la sociología y la psicología, disciplinas que exploran por qué las personas hacen lo que hacen. Te siguen gustando mucho las carreras, pero ahora haces fotos en vez de jugarte la vida.
Tu afición por la fotografía te pone en el camino de un famoso cineasta, que te empuja a elegir la escuela de cine a la hora de ir a la universidad. Tu padre piensa que estás loco. “Hacer películas no era algo que él considerara respetable”, dirás años después. “Pensaba que iba a fracasar, lo cual era bastante razonable.”
Tu padre quiere que te hagas cargo de la tienda. ¿Tu respuesta?
“Nunca voy a hacer eso. Y te digo una cosa segura: nunca dirigiré una empresa. Jamás. Soy una persona creativa. Solo quiero ser creativo.”
Le prometes a tu padre que serás millonario antes de los 30.
Tus primeros 140 millones son los más importantes
“Les digo a los jóvenes que creen que es difícil hacer tu primera película que eso es pan comido. Lo verdaderamente difícil es hacer la segunda.”
En la universidad conoces a otro futuro gran director.
Juntos fundáis un estudio independiente. Tu primera película es un éxito de crítica, y también un desastre comercial. Pasas años sin trabajo, sin dinero, editando por encargo, escribiendo guiones que nadie quiere.
Finalmente, en 1973, consigues hacer una película autobiográfica sobre tu juventud: las carreras callejeras, el rock and roll, y esa última noche de verano antes de que todo cambie.
Te cuesta rodarla 777.000 dólares, y recauda en cines 140 millones. Recibe cinco nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Director.
Cumples la promesa que le hiciste a tu padre. De sobra.
Ese éxito desata tu imaginación.
Decides hacer algo parecido a un western, pero ambientado en el espacio exterior. Una historia de mitología universal disfrazada de ciencia ficción. Algo que hable de padres e hijos, del bien y del mal, de la tentación y del poder.
Años más tarde describirías tu creación como “una telenovela que trata sobre problemas familiares, no sobre naves espaciales.”
El acuerdo que nadie entendió, y que te hizo rico
Tu guion para ese western es tan raro que es rechazado por todos los estudios de Hollywood. Más de cuarenta productoras. Disney, Columbia, United Artists… todos dicen que no.
La razón es siempre la misma: nadie va a querer ver esa película.
Finalmente, 20th Century Fox acepta. No tanto porque crean en tu película, sino porque quieren trabajar contigo después de tu éxito anterior. Para ellos, este proyecto es secundario, una concesión para meter en nómina a un director de moda.
Y aquí es donde haces algo que nadie en Hollywood ha hecho antes.
Negocias reducir tu salario como director de 500.000 a 150.000 dólares. A cambio, pides quedarte con los derechos de las secuelas y del merchandising de tu película.
La compañía acepta encantada. En 1977 el merchandising de películas es un chiste. Nadie gana dinero vendiendo camisetas y figuritas. Te están cediendo algo que para ellos vale cero.
La producción es un infierno. Vas con retrasos constantes. El estudio manda ejecutivos a verte a Londres para intentar cancelar el rodaje. Sufres ataques de pánico y te hospitalizan por hipertensión. Cuando muestras montajes preliminares a tus amigos directores casi ninguno entiende lo que está viendo.
Solo Spielberg, otro loco, cree que va a funcionar.
El 25 de mayo de 1977 Star Wars se estrena en 32 salas de cine. La gente hace cola durante horas. Se convierte en la película más taquillera de la historia.
Y tú, ese chaval que casi muere en un accidente de coche, el que su padre quería que vendiera bolígrafos en una tienda de material de oficina, el que prometió que nunca dirigiría una empresa, acabas fundando Lucasfilm, Industrial Light & Magic, y Skywalker Ranch.
Eres George Lucas
Un chaval que tuneaba su Autobianchi en un garaje de Modesto, California.
El pésimo estudiante que un accidente convirtió en el creador de la saga más importante del cine moderno. El tipo que invirtió una bajada de sueldo de 350.000 dólares en derechos que hoy valen más de 40.000 millones. El chaval que decidió que todos los días, después de aquel 12 de junio de 1962, serían un regalo que no se podían desaprovechar.
Y a pesar de la promesa hecha a tu padre, acabarás también siendo el CEO de una de las compañías más influyentes de la historia del entretenimiento.
Años después, reconocerás que el tema que subyace a toda tu obra (Star Wars, Indiana Jones, etc.), es siempre el mismo: la reconciliación entre un padre y un hijo.
“Mi padre vivió lo suficiente para verme pasar de ser un inútil — o como él decía, un ‘late bloomer’ — a tener éxito. Le di lo único que todo padre quiere: saber que su hijo está a salvo y que puede cuidar de sí mismo. Eso era todo lo que realmente quería. Lo consiguió, y en cantidades bastante más grandes de lo que él esperaba.”
Tu padre te pidió que no montases un negocio con lo que parecía un hobby.
Pensaba que se aprovecharían de ti, y que tomarías malas decisiones por amor a tu arte en vez de por buen criterio empresarial.
Hoy, George Lucas recuerda siempre ese consejo con la sonrisa del que sabe que desobedecer fue la mejor decisión de su vida.
Tres preguntas para reflexionar
1. ¿Necesitas un accidente para despertarte?
Lucas vivía en piloto automático hasta que un accidente gravísimo le obligó a preguntarse qué estaba haciendo con su vida. Hay muchas veces que cualquiera de nosotros necesita algo que nos sacuda, que nos obligue a abrir los ojos.
¿Cuándo fue la última vez que te sentaste a pensar si estás aprovechando tus días como si fueran un regalo? ¿Qué cambios le meterías a tu vida si empezases a sentir el valor del tiempo de esta forma?
2. ¿Qué valor oculto tienes sin explotar?
20th Century Fox regaló a Lucas lo que más valor tenía porque no pudieron ver su potencial.
Esto pasa constantemente en las carreras profesionales: dejamos pasar oportunidades que parecen insignificantes — un proyecto lateral, una conexión inesperada, una habilidad que nadie ve — sin darnos cuenta de que ahí está el verdadero valor.
¿Hay algo en tu carrera que todo el mundo ignora, pero que tú intuyes que tiene un valor enorme? ¿Qué oportunidad podrías perseguir si realmente te dieses el permiso para hacerlo (sobre todo, si dejase de importarte lo que piensan los demás sobre ti)?
3. ¿A quién tienes que demostrarle algo?
La promesa de Lucas a su padre — “seré millonario antes de los treinta” — parece arrogancia adolescente.
Pero es un tipo de promesa que subyace al éxito de muchos grandes empresarios. Howard Schultz es otro buen ejemplo: quería demostrarle a su padre que podía crear el tipo de empresa que tuviese éxito y, a la vez, cuidase a sus empleados. Hizo esa promesa cuando su padre lo perdió todo por un accidente laboral.
Muchos de nosotros seguimos tratando de demostrar algo a alguien: un padre, un jefe, un compañero que dudó de nosotros en el pasado. Esa promesa suele ser una fuente de motivación potentísima.
En la edición 40 te conté que también es así para mí. Hace muchos años, alguien dijo algo que me ayuda, todavía hoy, a levantarme todos los días sonriendo, repitiéndome a mí mismo un mantra del tipo “gracias por todo, querido. Hoy toca darte en los morros. Otra vez.”
¿Cuál es la tuya, qué motivación interior te da la energía para perseguir tu visión? ¿A quién le tienes que demostrar que tenías razón? ¿Dónde puede estar ese fuego que le pegue un impulso tu vida?
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Absolutamente inspirador!!! Gracias Rafa!!!
Increíble Historia, Pero más Increible Despertar a la Vida de esa Forma... Lo sé!!!